HomilíaKrijtberg
sobre Daniel, 12, 1 - 3 y Marcos, 13, 24 – 32
Traducción automática, verificada de forma independiente · over Daniël, 12, 1 - 3 en Marcus, 13, 24 – 32

Eran tiempos difíciles, queridos amigos, cuando el profeta Daniel vio la visión de la que habla en la primera lectura de hoy. Era un tiempo en el que un hombre se sentaba en el trono de Israel que intentaba introducir ideas y prácticas helenísticas modernas y seculares, que eran una abominación para el pueblo judío que permanecía fiel a la Torá, la fe de sus padres. Estalló una guerra civil y mucha gente huyó a las montañas o fue asesinada por el tirano. Fue un tiempo «sin igual en la angustia», escribe Daniel.
Pero en medio de esta época de crisis vio a Miguel, el arcángel, levantarse como protector del pueblo, para salvarlos en el nombre del Señor, su Dios. En la visión de Daniel, Dios venía a librar a su pueblo por mediación de un arcángel. En la historia de aquel tiempo, fue la familia de los Macabeos la que inició la guerra de liberación que finalmente puso fin al dominio del tirano. Pero la razón por la que esta historia es relevante para nosotros hoy es que la gente estaba convencida de que era Dios quien acudía en su ayuda. Esa fe fue la que les dio la fuerza y la convicción para resistir, para no rendirse y no ceder ante las amenazas y la crueldad de los que detentan el poder.
Cuando Marcos escribió su evangelio, la situación en Palestina era desastrosa. La opresión romana era dura y cada intento de sacudirse el yugo del ocupante era respondido con una violencia cada vez más brutal. La situación se sentía tan desesperada y oscura que Marcos recurrió a imágenes apocalípticas. En aquellos días, escribe, "el sol y la luna y las estrellas no darán su luz". No se descubre ni un rayo de luz. Pero su fe en Jesús como salvador de su pueblo permanece inquebrantable y está convencido de que Dios seguirá siendo fiel a su promesa de estar con los seguidores de Jesús hasta el fin de los tiempos. En su visión, Marcos ya ve venir 'al Hijo del Hombre entre las nubes con gran poder y gloria para reunir a los seguidores de Jesús y guardarlos'.
¿Ocurrió en la realidad, como Marcos lo había visto en su amor y fe en Jesús? No, no ocurrió. De hecho, los romanos lo empeoraron. Destruyeron Jerusalén y su templo y dispersaron al pueblo por las tierras vecinas. Pero no pudieron destruir la fe del pueblo. Incluso a través de siglos de persecución no pudieron reprimir el amor y la fe de los cristianos. Jesús estaba siempre con ellos, acudía en su ayuda, animaba a los valientes y acogía a las víctimas. Siguió siendo siempre inspirador y un guía primordial para seguir. Nuestra presencia aquí esta noche es una prueba del poder de su fe en el poder salvador de Dios y en su amor fiable.
Las crisis a las que nos enfrentamos hoy, queridos amigos, son muy diferentes de lo que amenazaba a la gente en tiempos bíblicos. Pero ciertamente no son menos aterradoras. Un virus amenaza nuestra salud e incluso la vida de muchas personas. No parecemos capaces de reprimir esta infección y somos visitados por este virus ola tras ola. ¿Cómo nos ayuda y nos anima nuestra fe en la presencia salvadora de Dios en estas circunstancias? Y al mismo tiempo el reloj del cambio climático late cada vez más fuerte y los pronósticos sobre el aumento de la temperatura mundial se vuelven cada vez más negativos.
En las últimas dos semanas los líderes de nuestras naciones se han reunido en Glasgow para encontrar formas y medios de mantener el cambio climático dentro de un calentamiento de 1,5 o 2 grados Celsius. Creo que todo el mundo debe estar ya convencido de la urgencia de esta cuestión, y sin embargo en Glasgow se habló y se habló mucho, y se hicieron muchas promesas. Incluso llevó a una serie de decisiones reales. ¿Pero estamos convencidos de que ahora hemos logrado mantener nuestro mundo, nuestra casa común, seguro y habitable? ¿O ponemos una vez más nuestra confianza en Dios, confiando en su poder salvador?
Todavía parece haber gente que lo hace, incluso de manera absoluta. Personas que no quieren vacunarse, porque eso iría contra nuestra confianza total en nuestro Señor. Personas que piensan que todo lo que hagamos para reducir nuestra 'huella de carbono' es inútil. Solo Dios, en Su omnipotencia, es capaz de limpiar el desastre que hemos hecho de Su creación. ¡Así que espere y confíe en Dios!
Por otra parte, mucha gente ha renunciado por completo a Dios como nuestro salvador. ¿Por qué no salvó a toda esa gente en tiempos pasados, que sufrían y oraban en días de hambre, guerra, catástrofes naturales o pandemias anteriores? Lo oímos una y otra vez: ¿Dónde estaba Dios en Auschwitz? No vino en las nubes con gran poder y gloria. Si Dios existe, ¿podemos confiar en que es fiel a su palabra, que es nuestro Redentor?
Son preguntas difíciles, pero se plantean con razón. Las lecturas que la Iglesia nos ofrece hoy nos desafían a plantearlas. ¿Dónde estaba el arcángel en Glasgow que daba ánimo a los participantes de la conferencia climática de la ONU y los ayudaba a llegar a decisiones desinteresadas y firmes? ¿Dónde está nuestro salvador en los hospitales saturados y con personal insuficiente, donde la gente lucha por su vida y por la vida de otros? Se han elevado incontables oraciones y muchos esperan en un Dios que salva.
Pero todo esto es un modo de pensar sumamente humano. Nosotros, los seres humanos, pensamos en términos de grandeza, de poder y de fuerza. Pensamos en términos de ganar, de ser mejores, más fuertes, siendo Dios entonces el más fuerte de todos. Hemos hecho de Dios un rey poderoso y soberano de todo el mundo. Eso nunca lo ha hecho Dios mismo. Desde la zarza ardiente prometió a Moisés que siempre estaría con él. Dios no quiere ser grande a nuestra manera. Quiere estar ahí para ser amado y en quien confiar. Dios quiere estar ahí para usted, para mí, y nos pregunta: ¿Confía en Mí? ¿Puedo ser su Dios sin que usted me prescriba lo que debo hacer? ¿Quiere usted mantenerse en contacto conmigo, con amor, con esperanza, sea cual sea la situación? En la tormenta estaré, y en la ola de calor tanto como en el sol otoñal. Estoy a su lado en el hospital. Le animo cuando se compromete por el clima o por el bienestar de su prójimo. Me acerqué a usted como un bebé en un pesebre, le confié mi vida. Morí como un criminal, como un esclavo, para que me reconociera cuando usted mismo esté en necesidad. Nunca le abrumaré con mi grandeza, pero estaré incesantemente a su lado. Usted simplemente debe seguir haciendo lo que tiene que hacer, y confiar en que no está solo. Yo, su Dios, permaneceré con usted todos los días hasta el fin de los tiempos.
Amén.
Texto original · Neerlandés
over Daniël, 12, 1 - 3 en Marcus, 13, 24 – 32
Het waren zware tijden, beste vrienden, toen de profeet Daniël het visioen zag, waarover hij in de eerste lezing van vandaag spreekt. Het was een tijd, waarin een man op de troon van Israël zat, die probeerde moderne, seculiere Hellenistische gedachten en praktijken in te voeren, die een gruwel waren voor het Joodse volk dat trouw bleef aan de Thora, het geloof van hun vaderen. Er brak een burgeroorlog uit en veel mensen vluchtten naar de bergen of werden door de tiran gedood. Het was een tijd 'onovertroffen in benauwdheid', schrijft Daniël.
Maar midden in deze crisistijd zag hij Michaël, de aartsengel, opstaan als beschermer van het volk, om hen te redden in de naam van de Heer, hun God. In Daniëls visioen kwam God zijn volk bevrijden door tussenkomst van een aartsengel. In de geschiedenis van die tijd was het de familie van de Makkabeeën die de bevrijdingsoorlog begon die uiteindelijk een einde maakte aan de heerschappij van de tiran. Maar de reden waarom dit verhaal relevant is voor ons vandaag is, dat de mensen ervan overtuigd waren dat het God was die hen te hulp kwam. Het is dat geloof dat hen de kracht en de overtuiging gaf om weerstand te bieden, om niet op te geven en niet toe te geven aan bedreigingen en aan de wreedheid van de machthebbers.
Toen Marcus zijn evangelie schreef was de situatie in Palestina rampzalig. De Romeinse onderdrukking was hard en elke poging om het juk van de bezetter af te schudden werd beantwoord met steeds brutaler geweld. De situatie voelde zo hopeloos en duister aan dat Marcus zich tot apocalyptische beelden wendt. In die dagen, schrijft hij, "zullen zon noch maan noch sterren licht geven" Er is geen lichtpuntje te ontdekken. Maar zijn geloof in Jezus als de redder van zijn volk blijft onwankelbaar en hij is ervan overtuigd dat God trouw zal blijven aan zijn belofte om tot aan het einde der tijden met Jezus' volgelingen te zijn. In zijn visioen ziet Marcus al 'de Mensenzoon komen in de wolken met grote macht en heerlijkheid om Jezus' volgelingen te verzamelen en hen te behoeden.
Gebeurde het in werkelijkheid, zoals Marcus het in zijn liefde en geloof in Jezus had gezien? Nee, dat gebeurde niet. In feite maakten de Romeinen het nog erger. Zij verwoestten Jeruzalem en zijn tempel en verstrooiden het volk over de omringende landen. Maar zij konden het geloof van het volk niet verwoesten. Zelfs door eeuwen van vervolging waren zij niet in staat de liefde en het geloof van de christenen te onderdrukken. Jezus was altijd bij hen, kwam hen te hulp, bemoedigde de onverschrokkenen en verwelkomde de slachtoffers. Hij bleef altijd inspirerend en een prima gids om te volgen. Onze aanwezigheid hier vanavond is een bewijs van de kracht van hun geloof in Gods reddende kracht en betrouwbare liefde.
De crises waarmee wij vandaag worden geconfronteerd, beste vrienden, zijn heel anders dan wat de mensen in Bijbelse tijden bedreigde. Maar ze zijn zeker niet minder beangstigend. Een virus bedreigt onze gezondheid en zelfs het leven van veel mensen. Wij schijnen niet in staat te zijn deze infectie te onderdrukken en worden golf na golf door dit virus bezocht. Hoe helpt en bemoedigt ons geloof in Gods reddende aanwezigheid ons onder deze omstandigheden? En tegelijkertijd tikt de klok van de klimaatverandering steeds luider en worden de prognoses voor de stijging van de wereldtemperatuur steeds negatiever.
De afgelopen twee weken zijn de leiders van onze naties in Glasgow bijeengekomen om manieren en middelen te vinden om de klimaatverandering binnen een opwarming van 1,5 of 2 graden Celsius te houden. Ik denk dat iedereen nu wel overtuigd moet zijn van de urgentie van deze kwestie, en toch werd er in Glasgow veel gepraat en gepraat en werden er veel beloftes gedaan. Het heeft zelfs tot een aantal echte besluiten geleid. Maar zijn we ervan overtuigd dat we er nu in geslaagd zijn om onze wereld, ons gemeenschappelijk huis, veilig en bewoonbaar te houden? Of stellen we opnieuw ons vertrouwen op God, vertrouwend op zijn reddende kracht?
Er schijnen nog steeds mensen te zijn die dat doen, zelfs op een absolute manier. Mensen die zich niet willen laten vaccineren, omdat dat zou ingaan tegen ons totale vertrouwen op onze Heer. Mensen die denken dat wat we ook doen om onze 'koolstofvoetafdruk' te verkleinen, zinloos is. Alleen God, in Zijn almacht, is in staat om de puinhoop op te ruimen die wij van Zijn schepping hebben gemaakt. Dus wacht maar af en vertrouw op God!
Aan de andere kant hebben veel mensen het vertrouwen in God als onze redder helemaal opgegeven. Waarom heeft Hij niet al die mensen gered in vervlogen tijden, die leden en baden in dagen van hongersnood, oorlog, natuurrampen of eerdere pandemieën? We horen het steeds weer: Waar was God in Auschwitz? Hij kwam niet in de wolken met grote kracht en heerlijkheid. Als God bestaat, kunnen we er dan op vertrouwen dat Hij trouw is aan zijn woord, dat Hij onze Verlosser is?
Dit zijn moeilijke vragen, maar ze worden terechtgesteld. De lezingen die de Kerk ons vandaag aanbiedt, dagen ons uit ze te stellen. Waar was de aartsengel in Glasgow die de deelnemers aan de VN-klimaatconferentie moed gaf en hen hielp tot onbaatzuchtige en beslissende besluiten te komen? Waar is onze redder in de overvolle en onderbezette ziekenhuizen, waar mensen vechten voor hun leven en het leven van anderen? Ontelbare gebeden zijn er geuit en velen hopen op een reddende God.
Maar dit is allemaal uiterst menselijk denken. Wij mensen denken in termen van grootheid, van macht en sterkte. Wij denken in termen van winnen, beter zijn, sterker, terwijl God dan de sterkste van allen is. Wij hebben van God een machtige koning en heerser gemaakt over heel de wereld. Dat heeft God zelf nooit gedaan. Vanuit het brandend braambos beloofde Hij Mozes dat Hij er altijd voor hem zou zijn. God wil niet groot zijn op onze manier. Hij wil er zijn om van te houden en om te vertrouwen. God wil er zijn voor u, voor mij en Hij vraagt ons: Vertrouw je Mij? Mag ik je God zijn zonder dat je me voorschrijft wat Ik moet doen? Wil je met Mij in contact blijven, liefdevol, hoopvol, wat de situatie ook is? In de storm zal ik er zijn en in de hittegolf evenzeer als in het herfstig zonnetje. Ik sta aan je zijde in het ziekenhuis. Ik bemoedig je als je je inzet voor het klimaat of voor het welzijn van je naaste. Ik ben je tegemoetgekomen als baby in een voederbak, vertrouwde jou met mijn leven. Ik stierf als misdadiger, als een slaaf, opdat je me zou herkennen als je zelf in nood verkeert. Ik zal je nooit met mijn grootheid voor de voeten lopen, maar ik zal je onafgebroken ter zijde staan. Je moet gewoon blijven doen wat je te doen hebt, en vertrouwen dat je er niet alleen voor staat. Ik, jouw God, zal bij je blijven alle dagen tot aan het einde van de tijd.
Amen.
Abrir el PDF · p. 1 ↗De: hoja de homilía · 14 de noviembre de 2021
Texto íntegro, reproducido con permiso de la parroquia. (PDF, 2 páginas)