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HomilíaKrijtbergtweede zondag van Pasen

El fuego nuevo de pascua

Traducción automática, verificada de forma independiente · Het nieuwe vuur van pasen

Ilustración: Manuscript Leaf with the Resurrection, from a Book of Hours, Anonymous (Netherlandish) (ca. 1500) · The Metropolitan Museum of Art, CC0 1.0 (Met Open Access)

Hoy es el segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Octava de Pascua. En el evangelio se describen dos apariciones del Cristo resucitado a sus discípulos. La primera aparición tuvo lugar la tarde del primer día de la semana, es decir, el día de Pascua; Tomás no estaba presente. La segunda aparición tuvo lugar una semana más tarde, es decir, hoy, por así decirlo. Entonces Tomás sí estaba presente. Jesús vino a traer fuego nuevo, para los que estaban presentes y podían ver, pero también para los que no estaban presentes y no podían ver. Nosotros también pertenecemos a estos.

¿Qué quedó del grupo de discípulos entusiastas que se había unido en torno al carismático Jesús y que había recorrido el país con él? No más que unos hombres atemorizados detrás de puertas cerradas, con miedo del malvado mundo exterior. Miedo de los sumos sacerdotes, del pueblo al que ellos habían incitado y del poder romano ocupante. Juntos habían condenado a Jesús como agitador y lo habían eliminado. Los apóstoles atemorizados también estaban enfadados consigo mismos, porque habían abandonado a Jesús y habían huido cuando fue arrestado (Mt. 26,56; Mc. 14,50).

Apagados y desanimados estaban sentados aquella tarde, hasta que de repente vieron luz. De pronto Jesús estuvo en medio de ellos. Muy diferente y sin embargo reconocible. Era reconocible por las heridas de sus manos y de su costado. Y de nuevo emanaba de él inspiración. Los sacó de su abatimiento. Por tres veces lo oyeron decir: ¡Les deseo la paz! Ningún reproche por haberlo abandonado, sino perdón; no condenación, sino un deseo de paz. Todo estaba de nuevo bien entre ellos y Jesús.

Fueron levantados de su parálisis, no solo porque se les concedió el perdón, sino también porque resultó que Jesús los necesitaba. Recibieron una tarea. Pudieron participar en la misión de Jesús: Como el Padre me ha enviado, así también yo los envío a ustedes. De repente se dieron cuenta de que debían continuar la obra de Jesús.

Volvieron a entusiasmarse y recibieron nueva inspiración. Jesús sopló sobre ellos y explicó lo que esto significaba: Reciban el Espíritu Santo. El evangelista Juan, que nos narra esto, se refiere al relato de la creación. En él se lee que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, que le sopló en las narices el aliento de vida y que así el hombre se convirtió en un ser viviente (Gn. 2,7; cf. Sab. 15,11 y Ez. 37,3-5). Aquella tarde del domingo tuvo lugar, en la sala de puertas cerradas, una nueva creación. Se hizo un nuevo comienzo.

¿En qué consistía el encargo que recibieron los discípulos, a qué los impulsó el Espíritu? El encargo decía: perdón. Oímos en la lectura del evangelio: Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, también Dios los perdonará. Ellos mismos habían recibido perdón; ahora también debían perdonar a otros. Ser perdonados por Dios y conceder perdón a otros están relacionados. Esto también se expresa en el Padre Nuestro, que repetiremos en la liturgia: perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt. 6,12).

En la segunda mitad del evangelio estamos un domingo más adelante. De nuevo estaban reunidos los discípulos y las puertas estaban cerradas. Nuevamente Jesús se puso en medio de ellos. Y de nuevo Jesús les deseó la paz. Pero había una diferencia respecto al domingo anterior. Entonces Tomás no estaba presente. Ahora sí lo estaba. Había oído a los demás decir que habían visto al Señor. Su reacción fue: primero ver por mí mismo y luego creer. Solo si veo las heridas de los clavos en sus manos y puedo tocarlas con mis dedos, y si puedo meter mi mano en su costado, creeré. Jesús atendió su deseo: Tomás pudo ver y tocar.

Algunos ven en esto un argumento a favor de cosas típicamente católicas como las peregrinaciones, las reliquias, los rituales y las imágenes, cosas que se pueden ver y tocar. Los protestantes oponen a ello el sola fide: no ver y, sin embargo, creer. Pero tales discusiones no estaban entonces todavía a la orden del día. Quizás Tomás, que no estaba presente, representa a la comunidad cristiana para la que Juan escribió su evangelio. Este evangelio data del final del siglo primero y probablemente surgió en Asia Menor. La historia del encuentro de Jesús con Tomás no fue escrita para personas que habían conocido a Jesús en persona, sino para creyentes que debían conformarse con el testimonio oído. A ellos se les felicita expresamente: Dichosos los que no ven y sin embargo creen. Tomás, que no estaba presente, no está en desventaja comparado con los discípulos que sí estaban presentes una semana antes. También a él Jesús le muestra sus manos y su costado.

La reacción de Tomás es muy elocuente. Responde: ¡Señor mío y Dios mío! Tomás cree; ve cómo Dios se refleja en Jesús. Con ello usa una fórmula bíblica de oración. Así leemos en un salmo: SEÑOR, Dios mío, a ti clamé y me sanaste (sal. 30,3; cf. 2 Sam. 7,28; sal. 35,23; Jer. 31,18; Zac. 13,9). Pero al mismo tiempo Tomás usa una expresión que se empleaba en la ideología imperial. Domiciano, emperador del 81 al 96 después de Cristo, fue contemporáneo de Juan. Fue el primer emperador que se dejó llamar dominus et deus, señor y dios. La confesión de fe de Tomás es, por tanto, al mismo tiempo una declaración antirromana. La joven comunidad para la que escribe Juan se vuelve contra la ideología del Estado y profesa al Dios de Israel, que se ha mostrado en Jesús.

Nosotros somos como Tomás y como aquellos para quienes Juan escribió el evangelio. También nosotros conocemos a Jesús solo de oídas. Estamos en la tradición secular que, en última instancia, se remonta a aquel hombre carismático de Galilea y al grupo de seguidores entusiastas que lo rodeaba. Las palabras que él dirigió a sus fieles aquel primer domingo no han perdido su vigencia. Están más actuales que nunca. Actualmente hay mucha frustración, odio, miedo, agresión y crueldad en diversos lugares del mundo. Se despiertan toda clase de sentimientos negativos, también en nosotros mismos. Esta cadena que se refuerza a sí misma de odio y contrarodio, de violencia y contraviolencia, solo puede romperse mediante el perdón y la reconciliación.

Por lo demás, perdonar no significa olvidar. Jesús, que se apareció a sus discípulos, siguió siendo reconocible por las señales de sus heridas. El pasado no se niega, sino que se reconcilia. Las heridas de Jesús son señales de reconciliación entre el cielo y la tierra. Desde esa reconciliación los discípulos pudieron predicar la reconciliación entre los hombres. Esos discípulos son los discípulos de la tarde del primer día, pero también Tomás, que estaba presente una semana más tarde. También la comunidad de Juan, más de dos generaciones después. También la comunidad reunida en cualquier iglesia, más de diecinueve siglos después. Diálogo, reconciliación, perdón en el nivel micro y macro: este sigue siendo el camino hacia la paz, la paz que el Cristo resucitado desea a sus discípulos.

Texto original · Neerlandés

Het nieuwe vuur van pasen

Het is vandaag de tweede zondag van Pasen, ook wel Beloken Pasen genoemd. In het evangelie worden twee verschijningen beschreven van de verrezen Christus aan zijn leerlingen. De eerste verschijning vond plaats op de avond van de eerste dag van de week, dus op de dag van Pasen, Tomas was er niet bij. De tweede verschijning vond een week later plaats, dus vandaag om zo te zeggen. Toen was Tomas er wel bij. Jezus is nieuw vuur komen brengen, voor hen die erbij waren en konden zien, maar ook voor hen die er niet bij waren en niet konden zien. Daar horen ook wij bij.

Wat is er overgebleven van de groep enthousiaste leerlingen die zich hadden verenigd rond de charismatische Jezus en die met hem waren rondgetrokken? Niet meer dan wat angstige mannen achter gesloten deuren, bang voor de boze buitenwereld. Bang voor de hogepriesters, het volk dat door hen was opgehitst en de bezettende Romeinse macht. Tezamen hadden zij Jezus als oproerkraaier veroordeeld en uit de weg geruimd. De angstige apostelen waren ook boos op zichzelf, omdat ze Jezus in de steek hadden gelaten en waren weggevlucht toen hij gevangen werd genomen (Mt. 26:56, Mc. 14:50).

Uitgeblust en moedeloos zaten ze daar die avond, totdat ze ineens licht zagen. Plotseling stond Jezus in hun midden. Heel anders en toch herkenbaar. Hij was herkenbaar aan de wonden in zijn handen en zijn zijde. En weer ging er inspiratie van hem uit. Hij haalde hen uit de put. Tot driemaal toe hoorden ze hem zeggen: Ik wens jullie vrede! Geen verwijt dat ze hem in de steek hadden gelaten, maar vergeving, geen veroordeling, maar een vredewens. Het was weer goed tussen hen en Jezus.

Ze werden opgewekt uit hun verlamming, niet alleen doordat hun vergeving werd geschonken, maar ook omdat Jezus hen nodig bleek te hebben. Zij kregen een taak. Zij mochten delen in de zending van Jezus: Zoals de Vader mij heeft uitgezonden, zo zend ik jullie uit. Ineens beseften zij dat zij het werk van Jezus moesten voortzetten.

Ze werden weer enthousiast en kregen nieuwe inspiratie. Jezus blies over hen en legde uit wat dit betekende: Ontvang de heilige Geest. De evangelist Johannes die ons dit vertelt, verwijst naar het scheppingsverhaal. Hierin is te lezen dat God de mens uit aarde vormde, dat hij hem levensadem in de neus blies en dat zo de mens een levend wezen werd (Gen. 2:7, vgl. Wijsh. 15:11 en Ez. 37:3-5). Op die zondagavond vond in de zaal met gesloten deuren een nieuwe schepping plaats. Er werd een nieuw begin gemaakt.

Waarin bestond de opdracht die de leerlingen kregen, waartoe zette de Geest hen aan? De opdracht luidde: vergeving. We hoorden in de evangelielezing: Ontvang de heilige Geest. Als jullie iemand vergeven, dan vergeeft God hem ook. Zelf hadden zij vergeving gekregen, nu moesten ook zij anderen vergeven. Vergeven worden door God en vergeving schenken aan anderen hebben met elkaar te maken. Dit wordt ook uitgedrukt in het Onze Vader, dat wij zullen herhalen in de liturgie: vergeef ons onze schulden zoals ook wij vergeven aan onze schuldenaren (Mt. 6:12).

In de tweede helft van het evangelie zijn we een zondag verder. Weer waren de leerlingen bijeen en waren de deuren gesloten. Opnieuw kwam Jezus in hun midden staan. En weer wenste Jezus hun de vrede. Maar er was een verschil met de vorige zondag. Toen was Tomas er niet bij. Nu was hij er wel. Hij had van de anderen gehoord dat zij de Heer hadden gezien. Zijn reactie was: eerst zelf zien en dan geloven. Alleen als ik de wonden van de spijkers in zijn handen zie en met mijn vingers kan voelen, en als ik mijn hand in zijn zij kan leggen, zal ik het geloven. Jezus kwam aan zijn verlangen tegemoet: Tomas mocht zien en aanraken.

Sommigen zien dit als een argument voor typisch katholieke zaken als bedevaarten, relieken, rituelen en beelden, dingen die je kunt zien en aanraken. Protestanten stellen daar het sola fide tegenover: niet zien en toch geloven. Maar dergelijke discussies waren toen nog niet aan de orde. Misschien vertegenwoordigt Tomas, die er niet bij was, de kerkgemeente waarvoor Johannes zijn evangelie schreef. Dit evangelie dateert uit het einde van de eerste eeuw en is waarschijnlijk in Klein-Azië ontstaan. Het verhaal van de ontmoeting van Jezus en Tomas is niet geschreven voor mensen die Jezus zelf hadden meegemaakt, maar voor gelovigen die het moesten hebben van horen zeggen. Zij worden uitdrukkelijk gefeliciteerd: Gelukkig zijn zij die niet zien en toch geloven. Tomas, die er niet bij was, is niet in het nadeel vergeleken bij de leerlingen die er een week geleden wel bij waren. Ook aan hem toont Jezus zijn handen en zijde.

De reactie van Tomas is veelzeggend. Hij antwoordt: Mijn Heer, mijn God! Tomas gelooft, hij ziet hoe God in Jezus wordt weerspiegeld. Hij gebruikt hierbij een Bijbelse gebedsformule. Zo lezen we in een psalm: HEER, mijn God, ik riep tot u om hulp en u hebt mij genezen (psalm 30:3, vgl. 2 Sam. 7:28, ps. 35:23, Jer. 31:18, Zach. 13:9). Maar tegelijkertijd gebruikt Tomas een uitdrukking die werd gebruikt in de keizerideologie. Domitianus, keizer van 81 tot 96 na Christus, was tijdgenoot van Johannes. Hij was de eerste keizer die zich liet aanspreken met dominus et deus, heer en god. De geloofsbelijdenis van Tomas is dus tegelijkertijd een antikeizerlijk statement. De jonge gemeente voor wie Johannes schrijft, keert zich tegen de staatsideologie en bekent zich tot de God van Israël, die zich in Jezus heeft laten zien.

Wij zijn als Tomas en als degenen voor wie Johannes het evangelie schreef. Ook wij kennen Jezus alleen van horen zeggen. Wij staan in de eeuwenoude traditie die uiteindelijk teruggaat op die charismatische man uit Galilea en de groep enthousiaste volgelingen om hem heen. De woorden die hij sprak tot zijn getrouwen op die eerste zondag, hebben hun gelding niet verloren. Zij zijn actueler dan ooit. Er heerst momenteel heel veel frustratie, haat, angst, agressie en wreedheid op verschillende plekken in de wereld. Allerlei negatieve gevoelens worden opgewekt, ook in ons zelf. Deze zichzelf versterkende keten van haat en tegenhaat, van geweld en tegengeweld, kan alleen worden doorbroken door vergeving en verzoening.

Vergeven betekent overigens niet vergeten. Jezus die aan zijn leerlingen verscheen, bleef herkenbaar aan de tekenen van zijn wonden. Het verleden wordt niet geloochend, maar verzoend. Jezus’ wonden zijn tekenen van verzoening tussen hemel en aarde. Vanuit die verzoening konden de leerlingen verzoening onder de mensen prediken. Die leerlingen zijn de leerlingen van de avond van de eerste dag, maar ook Tomas, die er een week later bij was. Ook de gemeente van Johannes, ruim twee generaties later. Ook de gemeente verzameld in welke kerk dan ook, ruim negentien eeuwen later. Gesprek, verzoening, vergeving op micro- en op macroniveau: dit is nog steeds de weg naar vrede, de vrede die de verrezen Christus zijn leerlingen toewenst.

Abrir el PDF · p. 1 ↗De: hoja de homilía · 11 de abril de 2021

Texto íntegro, reproducido con permiso de la parroquia. (PDF, 3 páginas)

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