ReflexiónBlessed TrinityThe Presentation of the Lord in the Temple
Febrero de 2018
Traducción automática, verificada de forma independiente · February 2018

El comienzo de febrero en el tiempo de la Iglesia es el final del período de Navidad. La Presentación del Señor en el Templo, con el simbolismo de la luz, tanto en la Escritura con las palabras de Simeón como físicamente en las velas, nos hace avanzar en la fe para vivir nuestra vida día a día.
A pesar de la luz, en verdad la mayoría de nosotros tenemos que aceptar que necesitamos vivir de la fe, que a menudo es débil y está nublada. Necesitamos valor para ser, la humildad de aceptar que Dios nos ama incluso cuando fallamos en amarlo a Él o amarnos unos a otros, la confianza de ponernos sin reservas en sus manos.
Es probable que una parte de nosotros sepa que esto tiene que ver con el amor. Con la punta de un dedo, por así decirlo, podemos percibir este amor. Luego, en otro momento, puede resultar profundamente arrollador en su plenitud y en su fuerza.
La razón es que Dios es amor y a Él le corresponde estar presente en nosotros como vea que más conviene a la condición de cada uno de nosotros en cada momento. El amor puede expresarse mediante la presencia o mediante la aparente ausencia, mediante una comunicación gozosa y dulce, así como mediante la exigencia entregada de sencillamente seguir siendo y seguir confiando.
Sin embargo, si amamos aunque sea remotamente, la Iglesia encuentra una manera de que expresemos este amor al darnos los cuarenta días de la Cuaresma. Así como esta conmemora para nosotros el tiempo que Jesús pasó en oración y ayuno en el desierto, también nosotros podemos ser conducidos por ese camino. Y la esencia de aquello a lo que nos dedicamos es una combinación de escucharlo a Él y prepararnos para escuchar, despojándonos de todos los estorbos de la vida que ahogan el sonido de su voz.
La Cuaresma es un tiempo de oración y de penitencia. Para muchos de nosotros las dos pueden ser lo mismo. Comencemos, pues, y avancemos hacia la Cuaresma con la determinación de estar abiertos y disponibles para Él, mediante el tiempo apartado, mediante la escucha de su palabra en la Escritura por la lectura y por la participación en la liturgia. Finalmente, podemos tomar en serio su consejo de que algunos demonios solo pueden ser expulsados con la oración y el ayuno.
Sea lo que sea lo que ocurra al comienzo de este tiempo especial, metámonos de lleno en la Cuaresma, metámonos verdaderamente de lleno. Por eso se exhorta a cada uno de nosotros a tomar en serio esta admonición, a planear algo para el tiempo cuaresmal y a llevarlo a cabo y a través de todo lo que decimos, hacemos y somos. Nada es más público que la crucifixión, el testimonio de Cristo del amor de Dios.
¡También nosotros damos testimonio!
Texto original · Inglés
February 2018
T he beginning of February in the season of the Church is the end of the Christmas period. The Presentation of the Lord in the Temple, with the symbolism of light, both scripturally in the words of Simeon and physically in candles, brings us forward in faith to live our lives day by day.
Despite the light, in truth most of us have to accept that we need to live by faith – which is often weak and clouded. We need courage to be, the humility to accept that God loves us even when we fail to love him or each other, the trust to put ourselves unreservedly into his care.
Part of us is likely to know that this has to do with love. With the tip of a finger, as it were, we can sense this love. Then, at another time, it can be deeply overwhelming in its fullness and strength.
The reason is that God is love and it is for him to be present to us as he sees best-suited to the condition of each of us at any given time. Love can be expressed by presence or by apparent absence, by joyous and sweet communication as well as by the giving demand of sheer continuing-to-beand-to-trust.
However, if we even remotely love, the Church finds a way for us to express this love by giving us the forty days of Lent. As this commemorates for us the time Jesus spent in prayer and fasting in the desert, we can be led that way also. And the essence of what we are at is a combination of listening to him and making ourselves ready to listen by stripping ourselves of all the encumbrances of living which block out the sound of his voice.
Lent is a time for prayer, and penance. The two can be the same for many of us. Let us, then, begin and go forward into Lent with a determination to be open and available for him, through time set aside, through listening to his word in scripture by reading and by sharing in the liturgy. Finally, we can take seriously his advice that some devils can only be thrown out by prayer and fasting.
Whatever else happens at the beginning of this special time, let us get stuck into Lent, let us really get stuck in. Each of us is therefore urged to take this admonition seriously, to plan something for the Lenten season and to carry it out and through all that we say and do and are. Nothing is more public than crucifixion, the witness of Christ to God’s love.
We, too, are witnessing!
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Texto íntegro, reproducido con permiso de la parroquia. (PDF, 4 páginas)